Archive for the ‘Libros’ Category

By Grand Central Station I Sat Down and Wept (1945) – Elizabeth Smart

2 febrero 2010

Alas, I know he is the hermaphrodite whose love looks up through the appletree with a golden indeterminate face. While we drive along the road in the evening, talking as impersonally as a radio discussion, he tells me, “A boy with green eyes and long lashes, whom I had never seen before, took me in the back of  a printshop and made love to me (…)”

“One should love beings whatever their sex”,  I reply, but withdraw into the dark with my obstreperous shape of shame, offended with my own flesh which cannot metamorphose into a printshop boy with armpits like chalices. (…)

I am over-run, jungled in by bed, I am infested with a menagerie of desires: my heart is eaten by a dove, a cat scrambles in the cave of my sex, hounds in my head obey a whipmaster who cries nothing but havoc as the hours test my endurance with an accumulation of tortures. Who, if I cried, would hear me among the angelic orders?

El caballo de Troya (1984) – Monique Wittig

28 enero 2010

La obra de Proust es uno de los mejores ejemplos que conozco de máquina de guerra con efecto retardado. (…) Proust ha logrado transformar el mundo “real” en un mundo únicamente homosexual. Empieza con los grupos de jóvenes que pueblan las embajadas, arrimándolos a su jefe de fila como las damas de honor alrededor de la reina Esther en Racine; luego vienen los duques, los príncipes, los hombres casados, los criados, los chóferes y los comerciantes. Todo el mundo acaba siendo homosexual.

Hay incluso algunas lesbianas, y hasta Colette reprochó a Proust haber magnificado Gomorra. Saint-Loup, el arquetipo del hombre mujeriego elegante, acaba siendo gay.  En el último libro, cuando Proust describe el diseño de toda la obra, muestra que para él el hecho de escribir supone también producir un sujeto particular, la constitución del sujeto. De este modo, los personajes y las descripciones de ciertos momentos sirven, como si fueran capas, para construir poco a poco un sujeto que es homosexual por primera vez en la historia de la literatura.

Monique Wittig, El pensamiento heterosexual y otros ensayos. Egales, Madrid, 2006. Traducción de Javier Sáez y Paco Vidarte.

Bienvenidos al desierto de lo real (2002) – Slavoj Žižek

24 enero 2010

La universalidad real no es el espacio neutral nunca alcanzado de traducción de una cultura particular a otra, sino, por el contrario, la violenta experiencia de cómo, más allá de la divisoria entre culturas, compartimos el mismo antagonismo. (…) La actitud hegemónica actual es la de la «resistencia»; toda la poética de los marginales sexuales, étnicos, las «multitudes» en cuanto a su estilo de vida (gays, enfermos mentales, presos…), que «resisten», desde la dispersión, frente al misterioso (capitalizado) Poder central. Todos «resisten»; desde los gays y las lesbianas hasta los emergencialistas de derechas, de modo que ¿por qué no llegar a la conclusión de que este discurso de la «resistencia» es hoy en día la norma, y, como tal, el principal obstáculo para el surgimiento de un discurso que pudiera de hecho poner en cuestión las relaciones dominantes?. Así pues, lo primero que hay que hacer es atacar el núcleo mismo de esta actitud hegemónica, la idea de que «el respeto hacia la Otredad» es el axioma ético más elemental.

Trad. Cristina Vega Solís. Akal, 2008.

Millett vs. Miller: la patología de la virilidad.

9 enero 2010

Kate Millett se enfrenta en Sexual Politics (1970) a lo que ella llamó “la patología de la virilidad” o “la quimera de concebir el encuentro sexual como un acto de poder de un ser humano sobre otro”. Millett analiza, entre otras, la obra de Henry Miller como ejemplo de esa patología. Es  sorprendente que este escritor siga siendo considerado como carismático autor de culto, cuya mención evoca para muchos inmediatamente la libertad sexual. Quizás su vida de bohemio en París, su relación con Anaïs Nin, su influencia en la Generación Beat y la censura que sufrió su obra en el seno de la América puritana hayan contribuido a convertirlo en paradigma de escritor transgresor. Pero, ¿estaría Henry Miller en el mismo sitio si sus libros estuvieran plagados de anécdotas sobre humillaciones a individuos de raza negra o judía en lugar de su sistemática reducción del sujeto femenino a la categoría de coño sin identidad?

However attractive our current popular image of Henry Miller the liberated man may appear, it is very far from being the truth. Actually, Miller is a compedium of American sexual neuroses, and his value lies not in freeing us from such afflictions, but in having had the honesty to express and dramatize them. (…) What Miller did articulate was the disgust, the contempt, the hostility, the violence and the sense of filth with which our culture, or more specifically, its masculine sensibility, surrounds sexuality. But the major flaw in his oeuvre -too close an identification with the persona, “Henry Miller”- always operates insidiously against the likelihood of persuading us that Miller the man is any wiser than Miller the character.

Kate Millett: Sexual Politics, Virago Press. London, 2008, p. 295.

El caso es que cuando la ofensa tiene lugar en el terreno sexual, todo se diluye en esa maraña de la intimidad de las relaciones humanas, de tal manera que copular con una mujer puede ser relatado como un acto de barbarie,  como un despojamiento de la dignidad de un ser humano sin que ello cuente como algo moralmente intolerable. Esto no es una cosa del pasado que ya ha sido superada con la revolución sexual; pensemos si no en los millones de hombres -supuestamente concienciados en materia de igualdad y libertades- que se masturban diariamente consumiendo el porno más rancio pero mainstream de la web sin someter a ningún cuestionamiento el hecho de que les excite que la mujer casi siempre sea presentada como una zorra y el hombre como un semental con una gran polla dura con la que la humilla follándosela hasta el fondo a la muy guarra. Sin entrar en el interesante y antiguo debate sobre la legitimidad de ese tipo de porno en el seno de nuestra sociedad, no hace falta irse a tan bajos fondos para encontrar a la mujer quintaesenciada, reducida a la metonimia más machacada y productiva del ideario sexual masculino. Henry Miller utiliza la palabra cunt hasta la saciedad cuando nos ilumina con el relato de las “transgresoras” correrías de sus protagonistas.

He took pleasure in degrading her. I could scarcely blame him for it, she was such a prim, priggish bitch in her street clothes. You’d swear she didn’t own a cunt the way she carried herself in the street. Naturally, when he got her alone, he made her pay for her highfallutin’ ways.  He went at it cold-bloodedly. “Fish it out” he’d say, opening his fly a little. “Fish it out with your tongue!”… once she got the taste of it in her mouth you could do anything with her.

Henry Miller: Tropic of Capricorn, 1938. (En Sexual Politics, pp. 304-305)

Shut up, you bitch you!” I said. “It hurts does it? You wanted it, didn’t you?” I held her tightly, raised myself a little higher to get it into the hilt, and pushed until I thought her womb would give way. Then I came -right into that snail-like mouth which was wide open. She went into a convulsion, delirious with joy and pain. Then her legs slid off my shoulders and fell to the floor with a thud. She lay there like a dead one, completely fucked out.

Henry Miller: Sexus, 1945. (En Sexual Politics, p. 306) 

Ese sexo que no es uno (1977) – Luce Irigaray

28 diciembre 2009

La mujer “se toca” todo el tiempo, sin que además se le pueda prohibir hacerlo, porque su sexo está formado por dos labios que se besan constantemente.(…)

The Great Wall of Vagina - Jamie McCartney

La suspensión del autoerotismo se opera en la fractura violenta: la separación brutal de los dos labios por parte de un pene violador. (…)

En efecto, el placer de la mujer no tiene por qué elegir entre la actividad clitoridina y la pasividad vaginal, por ejemplo. El placer de la caricia vaginal no tiene que sustituir a la caricia clitoridiana. Una y otra contribuyen, de manera irremplazable, al goce de la mujer. (…)

Ahora bien, la mujer tiene sexos prácticamente en todas partes. Ella goza prácticamente con todo.

(Trad. R. Sánchez Cedillo)

Diario del ladrón (1949) – Jean Genet

25 diciembre 2009

Stilitano era alto y fuerte. Caminaba con paso a un tiempo flexible y pesado, rápido y lento, ondulante. Era ágil. Gran parte de su ascendencia sobre mí -y sobre las furcias del Barrio Chino- residía en el escupitajo que Stilitano pasaba de un carrillo a otro, y que estiraba a veces, delante de la boca como un velo.  «Pero, ¿de dónde saca ese escupitajo, me decía yo, de dónde lo sube, tan espeso y blanco? Los míos jamás alcanzarán ni la untuosidad ni el color del suyo, se quedarán en hilillos de vidrio, transparentes y frágiles.» Es, pues, natural que me imagine lo que será su verga si se la unta, en mi obsequio, con tan bella materia, con esa valiosa tela de araña, tejido, que, en secreto, llamaba yo el velo del paladar. (…)

He mordido a Lucien hasta hacerle sangre. Esperaba hacerlo aullar; su insensibilidad me ha vencido; pero sé que llegaría a despedazar la carne de mi amigo hasta perderme en una carnicería irreparable en la que conservaría la razón, en la que conocería la exaltación de la degradación. (…) Si se acuesta junto a mí, enreda suavemente a las mías sus piernas, más confundidas aún por la tela finísima de nuestros pijamas, luego busca con mucho esmero el sitio en que recostar su mejilla. En tanto no duerma, sentiré, contra la muy sensible pared de mi cuello, el estremecimiento de su párpado y sus pestañas rizadas. Si siente algún picor en la nariz, su pereza, su indolencia, no le permiten levantar la mano, y para rascarse se frota la nariz contra mi barba, dańdome así unos delicados cabezazos, como un choto mamando de su madre. Su vulnerabilidad es entonces total. (…)

Suavemente, el gran negro se echará sobre mi espalda. El negro, más inmenso que la noche me cubrirá. Sobre mí, todos los músculos tendrán, sin embargo, conciencia de ser los afluentes de una virilidad que converge en este punto tan duro, tan violentamente cargado, con el cuerpo entero estremecido por este bien y este interés de sí mismo que no existen más que para mi dicha. Estaremos inmóviles; ahondará más. Una especie de sueño derribará al negro sobre mis hombros, mientras su noche, en la que poco a poco me diluiré, me aplasta. Con la boca abierta, lo sabré entumecido, retenido en este eje tenebroso por su pivote de acero. Me sentiré ligero. Ya no tendré ninguna responsabilidad. Abarcaré el mundo con la mirada clara prestada por el águila a Ganimedes.

(Trad.  M.T. Gallego e I. Reverte)

Sodoma y Gomorra (1919-1927) – Marcel Proust

26 noviembre 2009

A veces, cuando en la sala del casino dos muchachas se deseaban, se producía como un fenómeno luminoso, una especie de estela fosforescente que iba de una a otra. Diremos de paso que, con ayuda de tales materializaciones, aunque imponderables, con aquellos signos astrales que inflamaban toda una parte de la atmósfera, Gomorra, dispersa, tiende, en cada ciudad, en cada pueblo, a juntar a sus miembros separados, a reconstruir la ciudad bíblica, mientras en todas partes los nostálgicos, los hipócritas, a veces los valientes desterrados de Sodoma, realizan los mismos esfuerzos, aunque sólo sea por una reconstrucción intermitente.

En busca del tiempo perdido, IV, p.307.  (Trad. Consuelo Berges)

Proust is a novelist who transforms his homosexual experience into art, and this fact must be reckoned with in any assessment of his genius. Many of the major and minor characters of A la recherche –Charlus, Saint-Loup, Morel, the Prince de Guermantes, Jupien, Legrandin, Nissim Bernard- turn out to have homosexual tastes. And lesbianism is, of course, one of the narrator’s major preoccupations: he spends nearly a third of the great novel pondering the implications of female homosexuality and trying to discover whether Albertine has ever loved other women.

J. E. Rivers, Proust and the Art of Love.

Crimen (1934) – Agustín Espinosa

11 septiembre 2009

Crimen - Interinsular Canaria

Estaba casado con una mujer lo arbitrariamente hermosa para que, a pesar de su juventud insultante, fuera superior a su juventud su hermosura. Ella se masturbaba cotidianamente sobre él, mientras besaba el retrato de un muchacho de suave bigote oscuro.

Se orinaba y se descomía sobre él. Y escupía -y hasta se vomitaba- sobre aquel débil hombre enamorado, satisfaciendo así una necesidad inencauzable y conquistando, de paso, la disciplina de una sexualidad de la que era la sola dueña y oficiante.

Ese hombre no era otro que yo mismo.

Los que no habéis tenido nunca una mujer de la belleza y juventud de la mía, estáis desautorizados para ningún juicio feliz sobre un caso, ni tan insólito ni tan extraordinario como a primera vista parece.

Ella creía que toda su vida iba a ser ya un ininterrumpido gargajo, un termitente vómito, un cotidiano masturbarse, orinarse y descomerse sobre mí, inacabables.

Pero una noche la arrojé por el balcón de nuestra alcoba al paso de un tren, y me pasé hasta el alba llorando, entre el cortejo elemental de los vecinos, aquel suicidio inexplicable e inexplicado.

Del preámbulo de Crimen.

Manifiesto contra-sexual (2002) – B. Preciado

19 agosto 2009

beatriz-preciado

B. Preciado, por Edsheldee

Lo que las comunidades transexuales y transgénero han puesto sobre la mesa no son tanto performances teatrales o de escenario a través de los géneros (cross-gender), sino transformaciones físicas, sexuales, sociales y políticas de los cuerpos fuera de la escena, dicho de otro modo, tecnologías precisas de trans-incorporación: clítoris que crecerán hasta transformarse en órganos sexuales externos, cuerpos que mutarán al ritmo de dosis hormonales, úteros que no procrearán, próstatas que no producirán semen, voces que cambiarán de tono, barbas, bigotes y pelos que cubrirán rostros y  pechos inesperados, dildos que tendrán orgasmos, vaginas reconstruidas que no desearán ser penetradas por un pene, prótesis testiculares que hervirán a cien grados y que podrán incluso fundirse en el microondas…

Preciado, BeatrizManifiesto Contra-sexual. Prácticas subversivas de identidad sexual. Opera Prima, Madrid 2002.