La mujer barbuda (1631) – José Ribera

Pintado en 1631 a instancias del Duque de Alcalá, a la sazón mecenas de José Ribera, el cuadro retrata a Maddalena Ventura, su marido, Felici de Amici, e hijo. En la inscripción que obra en las lápidas de la derecha se puede leer que Maddalena, que había dado a luz tres hijos y contaba con más de cincuenta años cuando fue inmortalizada por el pintor, padecía hirsutismo desde los treinta y siete años cuando le creció una barba negra, abudante y espesa; este fenómeno puede obedecer a un súbito exceso de testosterona.

Humilde, tétricamente, vuelve a representar un modo de la perfeccción: la plenitud de los dos sexos, la autosuficiencia del ser. Es preciso examinar este significado a la luz de la espiritualidad católica barroca, inseparable de nuestros artistas. Santa Librada barbuda expresa, remota o medianamente lo mismo: el andrógino no necesita el encuentro sexual. Se trata de un modo, rebuscado como barroco, de hacer patente su triunfo sobre los requerimientos concupiscentes. Por otra parte, y de nuevo fijándonos en «La mujer barbuda» de Ribera, no deja de advertirse en la discrección, humildad, mansa bondad y posición subordinada del marido una similitud con el modo habitual de ser representado San José: el hombre comprensivo y fiel que no ha tenido parte en la generación del hijo.

Lo pictórico y lo extrapictórico en «La mujer barbuda de Ribera», Federico Revilla, Boletín del Seminario de Estudios de Arte y Arqueología, 1988.

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